América Latina y el Caribe en defensa del agua

El propósito de esta convocatoria mundial al FAMA es unir esfuerzos para transformar el agua en un derecho, principalmente en aquellas poblaciones que sufren los rigores de la pobreza.

defensa del agua

A un mes de iniciarse el Foro Alternativo Mundial del Agua (FAMA), que tendrá lugar del 17 al 22 de marzo en la capital del Brasil, país sudamericano que en el pasado reciente ha sufrido un golpe de Estado por parte de la derecha neoliberal representada por el presidente ilegítimo Michel Temer, se ajustan los preparativos liderados por las organizaciones brasileñas e internacionales, teniendo como lema el agua es derecho no mercancía.

En contraste con las imposiciones y la represión que atraviesa hoy el país latinoamericano, el FAMA ha sido convocado como un espacio democrático que quiere reunir organizaciones y movimientos sociales que luchan en defensa del agua como derecho elemental para la preservación de la vida.

El propósito de esta convocatoria mundial al FAMA es unir esfuerzos para transformar el agua en un derecho, principalmente en aquellas poblaciones que sufren los rigores de la pobreza, exclusión social y la guerra, para quienes el agua es un bien inalcanzable debido a los intereses mercantilistas de las corporaciones trasnacionales que basadas en su poder económico, político y militar apoyan la restauración conservadora en la Región a través de golpes de Estado y otras estrategias del modelo neoliberal.

Como contraparte al ejercicio democrático de los movimientos sociales que una vez más se convocan en el FAMA -esta vez en Brasil- para defender las aguas, los territorios y a sus pueblos, los marcos regulatorios y políticas privatizadoras del agua serán profundizadas y negociadas en el 8º Foro Mundial del Agua convocado por el Consejo Mundial del Agua que es respaldado por corporaciones e instituciones financieras (IFIS) como su creador, el Banco Mundial. Los Foros Mundiales del Agua (FMA) son reuniones trienales que tienen el único objetivo de realizar contratos respecto a la privatización y comercialización de los bienes comunes hídricos, una feria comercial y un vehículo para promover la mercantilización y financierización del agua, que con la supuesta participación de la sociedad civil entrega lineamientos internacionales de política pública que posteriormente se aplican en diferentes países, a través de sus aliados gubernamentales afines al neoliberalismo.

Desde su inicio en Marrakesh (1997), los FMA han sido denunciados sistemáticamente como espacios antidemocráticos, en donde las grandes trasnacionales del agua buscan beneficiarse de las decisiones políticas para la construcción de mercados en torno al líquido vital. Al respecto, recordemos que durante las versiones del FMA en México (2006) y Estambul (2009) se negó a reconocer el agua como derecho fundamental y, en ese entonces, tan sólo fue definido como una necesidad humana básica para que la lógica de la inversión se convirtiera en condición necesaria para favorecer el fenómeno de la privatización1

En su última versión, realizada en Daegu & Gyeongbuk (2015) – República de Corea-, el FMA ha lanzado un nuevo enfoque basado en la Ciencia y Tecnología como estrategia para “innovar” en políticas del agua que abra nuevos mercados. En primer lugar, este enfoque gira principalmente alrededor de la recolección de información de los ecosistemas (Smart Technology Water), la eficiencia sobre el uso del agua y tecnología que haga frente a los desastres del cambio climático.

Esta nueva estrategia, además de ser dirigida exclusivamente por las corporaciones y por ende monopolizada por grandes trasnacionales, también desconoce las alternativas y relaciones ancestrales, históricas, públicas y comunitarias que los pueblos han construido alrededor del agua, y hace caso omiso del debate internacional relacionado con los manejos e innovaciones tecnológicas y su uso al servicio de los pueblos, como lo ha presentado y argumentado suficientemente la Red de Evaluación Social de las Tecnologías en América Latina -RED TECLA- que incluye a los científicos/as comprometidos/as con la sociedad y los movimientos sociales, articulados con el valioso apoyo del Grupo ETC2.

Al mismo tiempo, el FMA promociona la economía verde, perspectiva que ha tenido los mayores avances con programas para el control ambiental corporativo, que se considera como una buena oportunidad de negocio y profundiza la financierización de la naturaleza (World Water Council, 2015).

Estas dos estrategias convergen en la propuesta de una gobernanza corporativa, discurso disfrazado para la privatización, puesto que le da cabida a nuevos sectores empresariales para tomar decisiones políticas sobre el agua. No es fortuito que la buena gobernanza en la Gestión Integral de los Recursos Hídricos sea definida como “aquella donde la autoridad juega un papel menos protagónico” (Domínguez, 2011) y deja actuar en los espacios políticos decisorios a actores “más eficientes” como pretenden presentarse las corporaciones.

Este es sin duda un nuevo escenario de intento neoliberal de legitimación de imposiciones que en su momento fueron derrotadas por las articulaciones populares de los movimientos sociales internacionales, como la misma propuesta de economía verde del Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente -PNUMA-, derrotada en 2012, también en Brasil, por la Cumbre de los Pueblos por Justicia Social y Ambiental en Defensa de los Bienes Comunes, paralela a la Conferencia Río+20 de la Organización de Naciones Unidas -ONU.

Bajo estas amenazas, los desafíos del Foro Alternativo Mundial del Agua -FAMA- no son pocos. Partamos de algunos hechos que contextualizan el fundamental debate del agua en la región de América Latina y el Caribe. Por un lado, desde los últimos años la Región asiste a un crecimiento sin precedentes de conflictos por el agua producto del avance del modelo neoliberal, que además de entregar la gestión del agua a corporaciones, promueve actividades extractivas y agroindustriales que implican el uso intensivo de los bienes naturales -el agua en particular-, e impactan sobre las condiciones de vida de la población y el ambiente. De modo que los conflictos por el agua no radican en una escasez real o física del líquido vital, son producto de una escasez inducida por el acaparamiento, la contaminación, el mal manejo, la monopolización y el desconocimiento de gestiones ancestrales y comunitarias.

Al respecto, se hace necesario que el FAMA pose su mirada en alternativas frente a los despojos territoriales producidos por el modelo de desarrollo basado en el extractivismo agrícola y forestal, minero – energético e hídrico.

Por: Amigos de la Tierra América Latina y el Caribe -ATALC

Dejar un Comentario