Las cicatrices y arrugas que se obtienen con el pasar de los años

<<Mi padre todas las mañanas me llevaba al campo y así fui creciendo hasta que formé mi hogar>>.

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En esta ocasión escribiremos acerca de Rafael Alvarado, un adulto mayor de más de cien años de edad, quien nos narró desde su niñez hasta la actualidad.

<< ¡Como olvidar mi niñez!, ja si esta fue más dura que una piedra, mis raíces eran gente de escasos recursos económicos que apenas tenían una su parcela para cultivar, me acuerdo que dormía en una hamaca, mi colcha era de retazos de tela que por cierto aun la extraño, era tan calientita que para estos tiempos de lluvia me hace tanta falta>>.

<<Cada mañana mi madre se levantaba temprano para tener el desayuno listo, cuando mi papá se despertaba la comida ya estaba servida en la mesa, comía se alistaba y luego tomaba su sombrero, su cuma y su tecomate y me decía vámonos que ya es la hora, tienes que aprender, algún día lo tendrás que hacer tú>>.

<<Mis manos todas empolladas de desyerbar la milpa, esa comida la tenía bien merecida, al caer la tarde mi papá se iba a saber para donde y llegaba hasta en la noche, recuerdo que siempre me decía: algún día esto será tuyo. Así fui creciendo me cuestionaba del porque no iba a la escuelita, no tenía ese talle, pero enseñaban, aunque sea a leer y a escribir, mi padre no me lo permitió, yo soñaba con ser piloto, debido a que cuando estaba en la milpa veía pasar en los cielos los aviones, pero solo fue eso una hermosa vista en las alturas>>.

<<Pasaron los años mi mamá se enfermó y lastimosamente murió, mi papá se dedicó a beber y yo no aguantaba sus malos tratos, no digo que fue malo, pero decidí hacer mi propia vida, conocí a una humilde muchacha que al poco tiempo nos casamos y tuvimos dos hijos, yo no quería que ellos vivieran lo que yo viví; mis hijos fueron a la escuela, me enseñaron a leer y a escribir, eso jamás lo iba a olvidar, ni las cicatrices que me quedaron de vivir y trabajar en el campo. Hay una herida que hasta el día de ahora no la puedo cerrar: el no haber podido estudiar, pero si muero me iré satisfecho que mis hijos si lo hicieron>>.

<<No voy a decir que después de mi infancia tuve una vida de lujos, ¡no! vendí la propiedad que me dejó mi papá y me fui a vivir a Texistepeque ahí me dedique a la ganadería y no me fue mal, con el pasar del tiempo mis hijos se graduaron y cada quien hizo su vida, yo me fui poniendo más viejo, las arrugas se me notaban por doquier, por varios años viví solo, ellos me venían a visitar los fines de semana y de pronto pasó algo inesperado, se iban para Estados Unidos y yo me quedé solo otra vez. Un día me caí y me fracturé la cadera ya no era aquel señor fuerte; poco a poco me fui debilitando>>.

<<Ellos me llamaban y me sentía bien, en una de esas conversaciones les dije que ya no podía seguir solo que necesitaba a alguien que me cuidará y opte por venir a este lugar, no es un palacio, pero estoy rodeado de otras personas que cuando tenemos tiempo platicamos de nuestra vida y esperando que el creador nos llame>>.

<<Me siento satisfecho porque me considero que fui un buen padre, un buen ejemplo a seguir y a demostrarles que con humildad y con una buena visión se puede salir adelante>>.

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